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Los otros efectos del COVID-19: Un panorama ambiental

Los otros efectos del COVID-19: Un panorama ambiental

Dulce K. Becerra-Paniagua

Dulce es Ingeniera Química del ITTG y maestra en Materiales y Sistemas Energéticos Renovables del IIIER-UNICACH en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Actualmente es estudiante de doctorado en Ingeniería en Energía en el IER-UNAM donde trabaja con materiales semiconductores aplicado a celdas solares.

La pandemia del COVID-19 en México, ha originado hasta al momento alrededor de 2 mil 700 toneladas de Residuos Peligrosos Biológico-Infecciosos (RPBI) de aquellos clasificados como no anatómicos. Estos han sido generados por pacientes contagiados en el país, de acuerdo con lo estimado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT). Entre los RPBI no anatómicos, se encuentran los desechables contaminados con residuos peligrosos como gasas, guantes, cubrebocas, hisopos, tubos de muestras sanguíneas y batas. Se calcula que cada enfermo de COVID-19 produce al día un promedio de 2 a 2.2 kilos de residuos considerados como peligrosos. Un residuo peligroso, es aquel que posee alguna de característica de corrosividad, reactividad, explosividad, toxicidad, inflamabilidad, o que contengan agentes infecciosos que les concedan peligrosidad. Es infeccioso aquel material desechable que durante su uso adquirió microorganismos como virus, bacterias, hongos o parásitos. Asimismo, están los residuos patológicos, estos son tejidos, órganos y partes que se extirpan o remueven durante las cirugías o algún otro tipo de intervención quirúrgica; fluidos corporales, líquido sinovial, así como las muestras biológicas para análisis químicos, microbiológicos, citológicos. Además, están los objetos punzocortantes, los cuales, como su nombre lo dice, son dispositivos con puntas o bordes afilados como navajas, agujas hipodérmicas, de sutura, de acupuntura, de jeringas desechables, bisturíes, entre otros.

Las normas que regulan los residuos en México

La Norma Oficial Mexicana, NOM-087-SEMARNAT-SSA1-2002, describe a los RPBI como aquellos materiales generados durante los servicios de atención médica que contengan agentes biológicos-infecciosos y que puedan causar efectos dañinos a la salud y al ambiente. Un agente biológico-infecciosos, es cualquier microorganismo capaz de producir enfermedades cuando está presente en una concentración suficiente, en un ambiente favorable, tenga una vía de entrada y esté en contacto con una persona susceptible. La NOM-087-SEMARNAT-SSA1-2002 clasifica a los RPBI en cinco categorías siguientes: 1) Sangre y sus componentes sólo en su forma líquida; 2) Cultivos y cepas de agentes Biológico-Infecciosos; 3) Patológicos; 4) Residuos no anatómicos; 5) Objetos punzocortantes. Esta Norma aparte de clasificar a los RPBI, establece las especificaciones para su manejo; y es de uso obligatoria para los establecimientos que generan residuos peligrosos biológico-infecciosos y los prestadores de servicios a terceros que tengan relación directa con los mismo. Además de la norma ya mencionada, existe una más especifica que es la NOM-045-SSA2-2005, para la vigilancia epidemiológica y control de infecciones de hospitales.

Residuos por COVID-19: ¿Qué se hace con ellos y a dónde van?

Todos los residuos tóxicos que se recolectan de los hospitales y laboratorios son recogidos por empresas que se dedican especialmente a esta actividad, y que están avaladas por la SEMARNAT con los permisos necesarios para la recolección de dichos residuos. De no manejarse adecuadamente estos residuos, no sólo causaría un daño a la salud, sino también al medio ambiente. Si son desechados de forma incorrecta, pueden producir contaminación a través de la filtración de lixiviados (líquidos que se forman como resultado de pasar o “percolarse” a través de un sólido) a las aguas subterráneas o por medio de vectores como son los roedores, insectos, aves, u otros animales. Pero, con base en los datos de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA), se observa que no ha sido tan fácil el manejo seguro de estos residuos. Alrededor de 7.5 toneladas de residuos hospitalarios han sido localizados a la intemperie, en diferentes puntos del país (hasta junio). También se menciona que gran parte de los residuos tuvieron que ser incinerados debido a que representaban un riesgo para la salud.  

De acuerdo con el Manual de Procedimientos para la Recolección de RPBI de la Secretaría de Salud, los generadores y prestadores de servicios, deben cumplir con las disposiciones correspondientes a las siguientes fases de manejo: a) Identificación de los residuos; b) Envasado de los residuos generados; c) Almacenamiento temporal; d) Recolección y transporte externo; e) Tratamiento por métodos físicos o químicos que garanticen la eliminación de microorganismos patógenos y deben hacerse irreconocibles para su disposición final en los sitios autorizados; f) Disposición final.

El tipo de tratamiento para los residuos con características peligrosos biológico infecciosos de los grupos de cepas y cultivos, sangre, no anatómicos y punzocortantes puede ser físico o químico, sin embargo, los residuos de tipo patológicos deben ser “incinerados o enterrados”, excepto aquellos que se usen para fines terapéuticos, de investigación, como las muestras biológicas para análisis químico. En caso de ser enterrados, deben realizarse en lugares autorizados por la propia Secretaría de Salud, según las normas vigentes.

Cubrebocas, un nuevo enemigo para el ambiente.

Tras la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los gobiernos mundiales exigen el uso de cubrebocas en áreas públicas donde hay riesgos de transmisión de COVID-19, con el fin de reducir la propagación del virus SARS-CoV-2 que ocasiona la enfermedad. Por lo tanto, la demanda de cubrebocas se ha incrementado de forma exponencial. En tanto solo un mes, China exportó más de 4 millones de cubrebocas y desgraciadamente, miles de cubrebocas se han desechado de manera inconsciente. Ahora bien, un cubrebocas promedio tiene un peso aproximado de 30 a 150 gramos, dependiendo del modelo y las capas que incluya. Si cada mexicano labora en promedio 5 días por semana y usa un cubrebocas por día, estaría desechando en promedio medio kilo de cubrebocas cada semana. Esto sumado a los más de 8 kilos que produce cada persona de manera semanal, ya que cada mexicano genera aproximadamente 1.2 kg de basura al día (Figura 1).

Este es un problema que se escala para América Latina y el Caribe, ya que hoy en día producen 541 mil toneladas de basura, de las cuales el 90% no se recicla. De acuerdo con la Perspectiva de la Gestión de Residuos en América Latina y el Caribe, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), se espera que para el 2050 este problema aumente un 25%. Suficiente es que una tercera parte de los desechos (145 mil toneladas al día) acaban en rellenos sanitarios, representando problemas de salud para los trabajadores o personas viviendo cerca. También provocan la contaminación del agua, la emisión de gases tóxicos y gases de efecto invernadero, así como la contaminación de los suelos, que afectan a su vez al sector alimentario y turístico.

Esto es un claro ejemplo que a México y América Latina le falta un largo camino por recorrer en cuanto a sistemas de reciclaje y ahora con este aumento exponencial de cubrebocas es probable que el 90% de estos terminen en rellenos sanitarios o incluso en mares u océanos, en función a lo declarado por la Revista Forbes México. Dado a esta situación, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) aconseja no tirarlos en la vía pública sino en un centro de reciclaje, de lo contrario 10 millones de mascarillas estarán en el medio ambiente cada mes. Para hacer conciencia en nuestros lectores, un sólo cubrebocas tarda más de 400 años en desintegrarse y si se encuentra en el mar no solo amenaza a las especies como animales acuáticos y arrecifes de coral sino a la vida humana. No tendremos una sociedad de la que estar orgullosos si destruimos el medio ambiente”.

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Figura 1. Infografía de los residuos peligrosos generados por COVID-19 en México. Imágenes tomadas de https://www.flaticon.com/

Manejo de residuos en los hogares de Morelos

El pasado abril, la Dirección General de Gestión Ambiental de la Secretaria de Desarrollo Sustentable del estado de Morelos, emitió una serie de recomendaciones para toda la población de Morelos, con el objetivo de separar adecuadamente los residuos sólidos urbanos de los “Residuos sanitarios” generados en los hogares del estado y realizar una disposición correcta de estos y manejo especial en los camiones recolectores de basura con la finalidad de protegernos y proteger a los trabajadores de recolección de basura. Estas recomendaciones se encuentran estipulada en un documento denominado “Cartilla sanitaria para el manejo de los residuos sólidos urbanos y manejo especial para prevenir la proliferación del COVID–19, en el estado de Morelos” (https://sustentable.morelos.gob.mx/rs/cartilla-sanitaria-covid).

A continuación, se aporta una infografía (Figura 2) y se resumen las recomendaciones sugeridas en las viviendas del estado:

  1. Usar bolsas que ya tenga en casa o de ser posible, comprar las que sean amigables con el medio ambiente como las que están hechas de material reciclado o se identifican como biodegradables.
  2. Colocar en una bolsa solamente los cubrebocas, pañuelos desechables, chicles, colillas de cigarros, cepillos de dientes, guantes de látex y/o plástico, envases de medicamentos, jeringas, banda adhesiva y gasas. Este tipo de residuos son los no reciclables y denominadas como “Residuos sanitarios”.
  3. Las bolsas que contengan estos residuos deben rociarse por dentro y por fuera con una solución de agua clorada (se recomienda 10 ml de cloro comercial en un litro de agua o cuatro cucharadas de cloro comercial en un litro de agua), se recomienda escribir con un pulmón permanente la leyenda “Residuos Sanitarios”, bien sellada y entregarla al camión recolector.
  4. No saques tus residuos sólidos a la calle, espera al camión de basura a que pase, los residuos reciclables pueden almacenarse y rociarlos con agua clorada y déjalos en cuarentena o almacénalos si tienes espacio en tu casa hasta que pase la contingencia.
  5. En los hogares u organizaciones donde haya uno o más personas contagiadas y en cuarentena obligatoria, todos los residuos deben ser tratados como residuos COVID-19, lo mismo que los residuos generados en aeropuertos o terminales de pasajeros.
  6. Evitar al máximo la generación de residuos, incluyendo el uso de vajillas, cubiertos, bolsas y empaques desechables que entren en contacto con los individuos positivos o con alto riesgo de serlo (viajeros internacionales y nacionales).
  7. Se debe suspender la generación de residuos valorizables o reciclados ya que se convertirán en un foco inminente de contagio al transformarse en RESIDUOS COVID-19.
  8. Los residuos COVID-19, deberán ser rociados cuidadosamente con la solución clorada para minimizar la posibilidad de contagio al manejarlos. De acuerdo con la información existente, el virus sobrevive en superficies plásticas o metálicas hasta 7 días, por lo que se debe de prevenir su presencia y proliferación mientras los residuos permanezcan almacenados.
  9. Para almacenarlos se recomienda usar al menos dos bolsas, una dentro de la otra. Las bolsas deben de ser cerradas con guantes desechables, no deben comprimirse con las manos, y debe evitarse al acceso de mascotas o animales ferales a dichas bolsas.
  10. La bolsa exterior debe cerrase herméticamente e identificarse de forma externa y clara, rotulando con la siguiente leyenda “COVID-19” y aislarse en un lugar alejado y debidamente ventilado hasta ser recolectados.